Enjaulando a ocho

He decidido retomar mi cuento número ocho. Me tiene abrumado. Hace muchísimos meses que no le doy horas: justo desde que se me desmadró y terminó por amenazar su propia extensión. La verdad es que no sé en qué acabará, si en cuento o en algo más. Lo peor es que los relatos que sobrepasan determinado tamaño no se me dan nada bien. En fin ya veremos en que termina todo esto. Os dejo un fragmento…

En los peores años, mientras soportaba el peso inesperado de una soledad amansada, no fue consciente de la noche de tormenta que la condujo a hacer justicia, apenas advirtió el frío encubado en las entrañas tras recibir la pequeña herencia que todavía quedaba pendiente, y no fue consciente tampoco de los remordimientos que la aguardaban a la vuelta de tantas madrugadas hasta que volvió a sentir la presencia inconfundible de Leonor por las estancias de la casa. En otro tiempo habría soportado reencontrarse con los años en que permanecía despierta durante las terroríficas noches de tormenta atendiendo al fulgor majestuoso de los relámpagos plateados, habría sobrellevado los recuerdos de las primeras horas frente a la escopeta de caza de la alacena mientras bruñía los cañones en el silencio de la cocina y sin duda alguna habría cargado con la responsabilidad de hacer justicia a una pobre mujer que no pudo protegerse de las violentas borracheras de un marido sin alma que ni siquiera acudió a los funerales de su propia esposa tras haberla matado a golpes en la cuadra. Catorce años después, bajo la penumbra de una intemperie muda, Apolonia tuvo que hacer frente a la noche remota de tormenta fragorosa en que subió los peldaños que conducían a la habitación donde dormía su padre, volvió a sentir el resuello lastrado de las madrugadas de resaca reverberando como el eco de un motor roto y acabó ahogándose en las mismas humedades de aquella oscuridad de granero que rebosaba azufre en el aire. Al otro lado de la vida, en las orillas de la madurez, Apolonia halló el relumbre esquelético del relámpago que anegó la estancia de luz azul, descifró la mirada coagulada de su padre contemplándola en la quietud de unas tinieblas que parecían proceder de los avernos y escuchó de nuevo la voz distorsionada en la ingravidez preguntándole qué coño hacía allí.

1 Respuestas a “Enjaulando a ocho”


  • Pues tiene buena pinta el fragmento del cuento… Tranquilo que supongo que hay épocas de más inspiración que otras.

    Disléxico sigo queriendo leer algo tuyo!!!!!

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