“¿Es nuestro universo, en su continua expansión, todo cuanto existe, o es sólo parte de un sistema más vasto todavía, del que nada sabemos?”. Le preguntó, con una sonrisa maquiavélica, Enigma a Batman. “Recuerda que si contestas erróneamente haré volar la escuela por los aires”.
Batman sabía perfectamente lo que tenía que decir en ese momento. No era la primera vez que se encontraba en una situación similar.
“¿Podría usted hacer el favor de no explotar la escuela?, gracias”. Dijo el héroe en tono amistoso. Enigma, totalmente perplejo, guardó el detonador lentamente en su chaqueta, se dio media vuelta y se fue.
Batman era experto en no responder a preguntas incómodas, y además siempre tenía la certeza de que tal y como le habían enseñado de pequeño, con educación se puede conseguir el universo entero.
“Siempre he realizado mi trabajo sin ningún remordimiento; me pagan por matar. Desgraciadamente, desde el día que la maté no puedo quitarme sus súplicas de la cabeza por más que lo intento. Es la última vez que acepto un encargo en el que el objetivo sea un ser querido”
“Sin tu presencia mi corazón se convertirá en piedra y lo protegeré en jaula de acero”
“Eres la princesa que sonríe en mis recuerdos”
“Más importante que la justicia lo es el perdón”
“Insignificante como guerrero con coraza ante muralla de piedra”
”El último no mira hacia atrás”
“Hoy no tengo ánimos para seguir despierto”
El escrito que os presento a continuación lo presente al concurso de microrrelatos del colegio de abogados, las reglas muy simples: no pasarse de 150 palabras, tema relacionado con la abogacía e incluir las palabras flotador, cachorro, teléfono, providencia y expediente.
Cuando vi vomitar al cachorro los trozos del expediente, mi mundo se desplomó como un castillo de naipes. Eran dos años de exclusividad absoluta al caso que iba a ser el flotador de mi hundida carrera. No sabía que hacer, estaba completamente desesperado, lo primero que se me ocurrió, a parte de asesinar al chucho, fue llamar a mi jefe para que aplazara la reunión, pero lo único que conseguí del otro lado del teléfono fue un “no te tomes la molestia de venir hoy, ni nunca”. Cualquiera en mi lugar se sentiría desdichado, pero yo no, porque le estaré eternamente agradecido a mi perro y a la Divina Providencia que ese día ya no tuviera que ir a trabajar al bufete, situado en el World Trade Center. Sí, fue el 11 de septiembre del 2001.
Cuando un piloto de motos, con algo de calidad, se cree mejor que el Campeonísimo, ocurren consecuencias fáciles de predecir. Para ser el mejor es imprescindible tener una mente única y sobretodo saberla utilizar. Un buen campeón núnca tendrá como máxima cualidad la prepotencia.
Caída de Jorge Lorenzo
En mi segunda publicación oficial os presento un pequeño relato que escribí hará cosa de unos meses, espero que os guste, o que por lo menos no os deje indiferentes.
Escondido en el lugar más recondito del universo, pensaba que no me encontraría nunca. Ella no se toma tanto trabajo en una busqueda, le basta con cumplir su cometido con las personas que más amas.
Y allí estaba yo, en la más completa soledad, sin nada ni nadie, todos aniquilados por ella, y por mi culpa. No quedaba otra solución, perder.
Por desgracia, aprendí la lección demasiado tarde, nunca hagas una apuesta con La Muerte, ella siempre gana.
En mi primera publicación oficial os presento parte de una narrativa que algún día terminaré, se titula “Seis y media” y cuenta los últimos momentos en la vida de una persona contados hacia atrás. Espero que os guste y más teniendo en cuenta que no soy escritor ni tengo tablas escribiendo.
No podía ser de otra forma, era necesario abrir la ventana para que entrara el aire sucio de la ciudad en el salón donde se encontraban él y su madre, además era el momento que tanto temía, a la vez que deseaba que llegase desde hacía tres días.
La mujer no pudo asimilar tanto dolor infinito cuando vio caer lo único que le quedaba en esta vida a través del hueco de la ventana que esa misma mañana había limpiado. Se quedo completamente inmóvil, sin poder reaccionar ante la escena que acababa de contemplar. Su hijo yacía muerto sobre la acera, en la que tantas veces había jugado de pequeño, mientras la gente se amontonaba alrededor del inerte cuerpo. No era de extrañar el gran número de personas que se agolparon en un momento ya que eran las seis y media de la tarde de un sábado de verano.
Por la mañana, mientras se encontraba todavía en la cama, se sentía mucho más tranquilo que el día anterior, por fin pudo dormir algo y descansar, los nervios que tenía acumulados parecían como si hubieran desaparecido. Se levantó, se duchó y se fue a comprar un traje nuevo a unos grandes almacenes. Cuando terminó la compra se dio cuenta que ya no tenía nada más por hacer, lo único esperar a que llegará su momento.
Se sentó en aquel viejo sillón, no conservaba más de su difunto padre, el único sitio donde se podía relajar y dejar llevar su mente enferma hacia lo que él llamaba su ser exterior. Era la forma que tenía de sentirse libre de verdad, la forma de mostrar la personalidad que siempre le hubiera gustado ser, de hecho era el sitio donde pasaba casi todo tiempo del día ensimismado en si mismo. Su madre se había sentido tentada más de una vez de deshacerse de aquel asqueroso mueble, no podía soportar ver a su hijo constantemente ausente desde hacía más de seis años.
Ahora sí que era feliz, estaba manteniendo una conversación como las que tantas veces había mantenido con ella, pero eso no era lo importante, lo importante es que estaba con ella. No recordaba nada de su vida real, ni siquiera su forma de pensar en su ser exterior tenía que ver con él, pero allí estaba él, enamorando con las palabras. Esas mismas palabras que tenían poderes, podían hacer que consiguiera al instante cualquier objetivo, como si fueran mágicas.