THE BEATLES -SGT. PEPPER’S LONELY HEARTS CLUB BAND- (1 de Junio de 1967)

La Banda del Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta es para muchos el mejor disco de la historia y no hay duda de que lo es. Más de cuarenta años depués todavía se siente la descomunal fuerza de la guitarra inicial abriéndose paso por entre un mar de murmullos impacientes: casi una representación simbólica de lo que significó. El aroma circense se hace más intenso con el devenir de las canciones en un regreso a la niñez que se manifiesta detrás de cada sonido. Arpas precipitándose como cortinas, oboes caminando sobre la elegancia y cítaras rugiéndo ecos de una cultura desconocida se entremezclan con los sentidos hasta conseguir la ingravidez majestuosa de la perfección.
Aún hoy produce un vértigo cacofónico pensar la enormidad que habría sido este disco de tener en su repertorio el oro puro de Strawberry Fields Forever y Penny Lane, canciones que fueron lanzadas como sencillo antes de su publicación por decisión de George Martin, en el mayor error de su carrera profesional (tal y como el mismo reconoció). Ese regusto amargo no impide sin embargo apreciar las genialidades de un album que incluso en la portada se hace inalcanzable. Un sinfín de objetos y conjeturas sin atado dan color a una escena casi familiar donde numerosos personajes históricos acompañan a la banda del Sargento Pimienta.
Mención especial merece la que a juicio de muchos es la obra maestra del disco: A Day In The Life. Surgiendo de entre las telarañas de un convulsivo reprise de la canción que da inicio al album, se escucha un rasguido de guitarra proponiendo calma en la tormenta. Luego la voz espectral de Lennon invade el filamento nervioso hasta ponerte la piel de gallina en una interpretación impecable. La famosa cascada invertida de sonido da paso a una parte bucólica de McCartney tan intrigante que cuando sobreviene otra vez el coro imperecedero de Lennon sientes que algo se quedó en el tintero: otra ración de noticias, una nueva cascada y el telón estomacal de un piano solitario.
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band es la mayor aproxiación del talento a la excelencia. Sus registros son casi inigualables. Confeccionado bajo el halo de una época irrepetible para la humanidad emerge en nuestros días como el recuerdo más vanguardista para devolvernos a la grandeza de entonces.
THE BEATLES -ABBEY ROAD- (26 de Septiembre de 1969)

“And in the end, the love you take is equal to the love you make” (”En el final, el amor que te llevas es igual al amor que entregas“). El último album de los Beatles es considerado por algunos como el mejor de todos los tiempos. Y no les falta razón. Grabado después que Let it be aunque publicado antes, el disco exhala una atmósfera cósmica cercana casi a la absoluta perfección. El halo instrumental de fondo se mantiene durante toda su duración con una única constante: la elegancia del sonido.
La portada es con toda probabilidad la más imitada de la historia (tal vez después de la portada del Sgt Pepper’s), y entre todas las incertidumbres que guarda la única que se traduce en certeza es que el grupo cruza la famosa calle hacia la universalidad de una muerte con honores de estado. Arropado por 17 canciones, el album se cierne sobre los sentidos desde la madurez desinhibida y la resignación de la inevitable despedida, dejando joyas tan impagables como las bellísimas armonías vocales de los Beatles en canciones como Because y Sun King.
Es curioso cómo el disco ejerce su descomunal fuerza desde la profundidad de la divergencia. Los Beatles, al final de su camino y con muy pocas cosas ya en común, nos ofrecen un trabajo soberbio que emerge por sí solo igual que un carrusel edulcorado con arreglos sublimes. Canciones inigualables como Something (la mejor canción de Lennon-McCartney según Sinatra -en realidad firmada por Harrison-) o Here Comes The Sun sobrellevan el asfixiante peso musical hasta una invertebrada cara B donde se esconde la maravillosa marcha de eslabones unidos que no deja indiferente a nadie. Sin grandes pretensiones y concebido en parte como un canasto de retales, Abbey Road es el ejemplo del talento puro.
THE BEATLES -WHITE ALBUM- (22 de Noviembre de 1968)

Los sueños en blanco. The White Album (como se le llamó) es quizás el album más descarnado de los Beatles. No en vano su portada (que en un principio se quiso fuera trasparente, incluido el propio vinilo) se diseñó absolutamente en blanco. En innumerables ocasiones se ha dicho que constituye el inicio del fin del grupo. Repleto de enormes individualidades, se puede distinguir a lo largo de los dos discos que lo componen un abanico inimaginable de caminos emprendidos hacia otros estilos. Es tal vez por esa razón que algunos lo consideran el mejor album de la historia.
Desnudo, puro y deshuesado, en ocasiones emana la crudeza desalmada propia de los acontecimientos que devinieron en aquel año. En 1968 las trincheras de Vietnam se anegaban de sangre, un segundo Kennedy era abatido a tiros también ante las cámaras y el sueño de Martin Luther King se evaporaba en las profundidades de Memphis con la desdeñosa convicción de que los dueños del mundo jamás dejarían su lugar. Toda una época estaba llamada a morir: la inocencia mórbida debía precipitarse a una horrorosa madurez revertida.
En un principio iba a llamarse A Doll´s House (”Casa de Muñecas“) pero acabó llamándose simplemente The Beatles. En la edición de vinilo y en las primeras de CD venía grabado el número de serie, dando un aire equivocado de extraña exclusividad. Constituido por 30 canciones, la mayoria creadas durante la estancia de los Beatles en la India, el album deja de un lado la concepción del todo evocada en su anterior disco Sgt. Pepper’s para dar paso a la anarquía más pendular. Vaivenes de estilos y cambios matriciales sustentan un disco desprovisto de los oropeles que gobernaron sus trabajos previos para terminar mostrándonos la soledad del individuo.